Cuando salgo del trabajo, el centro de Bogotá parece una zona de nadie, un lugar en guerra. La Avenida Décima se convierte en una larga corriente de automóviles, humo, vendedores, bocinas y pasos apresurados. El aire pesa, el smog asfixia y el gris de los edificios parece confundirse con el del cielo. Nada invita al reposo; mucho menos a pensar. Y allí, en esa circunstancia reside una de las pequeñas tragedias de nuestras ciudades, pues hemos construido espacios donde casi todo conspira contra el silencio, por eso en Bogotá hay demasiado ruido y poca reflexión
El ruido no es solamente sonoro. También es visual, informativo, político, digital. Nos rodea una sucesión interminable de estímulos que reclama nuestra atención y rara vez nos concede el tiempo necesario para preguntarnos hacia dónde vamos. Colombia y su capital saben producir ruido.
Discutimos antes de comprender, opinamos antes de leer, reaccionamos antes de pensar y convertimos así cada acontecimiento en una disputa y cada diferencia en una frontera. Mientras tanto, la reflexión —que es lenta, incómoda y exige cierta soledad— parece convertirse en un lujo.
Quizá por eso nuestras ciudades dicen tanto de nosotros. Una ciudad congestionada no es únicamente el resultado de una mala planificación; también es el reflejo de una sociedad que ha perdido la capacidad de detenerse.
Los antiguos entendieron algo que nosotros parecemos haber olvidado, y es que pensar requiere tiempo, Sócrates caminaba por Atenas y los peripatéticos caminaban para filosofar. Los libros, la filosofía, la reflexión racional nacieron, en buena medida, del deseo humano de sustraerse por un instante al tumulto del mundo. Yo, en cambio, regreso a casa por la Décima entre buses, motocicletas y bocinas. Y, sin embargo, algunas tardes, entre todo ese ruido, intento pensar.
Tal vez la primera forma de cambiar una sociedad sea recuperar ese pequeño territorio interior donde todavía podemos escuchar una pregunta antes de responderla. Porque un país puede soportar mucho ruido, pero lo que difícilmente soporta durante mucho tiempo es la ausencia de pensamiento.



