Hienas en Colombia

Hienas en Colombia Hiena comiendo, acuarela

En la sabana, las hienas viven de lo que otros cazan. Así es su naturaleza. El problema es cuando un país empieza a parecerse a esa escena.

En Colombia, solo una minoría tiene empleos formales —y bien remunerados—, genera riqueza, paga impuestos y sostiene, con esfuerzo desigual, un Estado que promete abrazar a todos. Pero el abrazo cuesta más de lo que esa minoría puede ofrecer, y así nace una tensión silenciosa, millones dependen de un sistema que poco incentiva la autonomía, mientras otros sienten que cargan con la cuenta completa.

Los populistas, expertos carroñeros del descontento, convierten esta fragilidad en promesa y plan de gobierno. A unos les dicen —e imponen— que trabajan para alimentar a otros. A los otros les prometen que siempre habrá para repartir. Así, el país entero queda atrapado en la lógica de las sobras.

Pero un país no se construye con restos. Se construye ampliando la posibilidad de que más personas puedan cazar: libertad económica, reducción impositiva, empleo digno, formalidad, educación útil. Un Estado que cuide sin convertir la dependencia en costumbre.

Lo contrario es vivir eternamente de lo que sobra, y permitir que quienes viven de administrar la escasez sigan aumentando su festín.

Hienas en Colombia Hiena comiendo, acuarela

Autor

  • Santiago Pérez Hernández

    Abogado y escritor. Mi práctica jurídica en derecho comercial, civil y MASC se nutre de una profunda vocación por la historia y la literatura. Creo en el derecho no solo como norma, sino como una relación humana que requiere rigor académico y análisis crítico. Colaborador recurrente en medios, donde transformo el rigor técnico en crónicas donde el derecho, la política y la economía dialogan con el pasado.

    View all posts